La locura del mico

*Darío Paiva Trinidad

A los Guananitos: Bertín, Nicols, Dayron, Jose Darío; a La Tucana María Lourdes y a La Niñez Indígena Del Guaviare.

Había llovido, la selva estaba humedad, los caños estaban repletos de agua, unos animales buscaban minuciosamente sus alimentos, para otros el ambiente era tenso, podrían ser presa fácil de las fieras, algunos como el mico, los loros y guacamayas disfrutaban de las frutas sin el menor temor, de repente se escucharon unos bullicios que retumbaron en la selva.

¡tum! ¡tum! ¡tum! ¡fuu! ¡fuu! ¡fuu! ¡chas! ¡chas! ¡chas! . Al parecer eran toques de tambores, flautas y maracas acompañados de gritos, risas y silbidos de los hombres, que danzaban celebrando algo especial; los animales mimetizados entre la selva se acercaron con curiosidad para observar la fiesta. Los hombres y mujeres tenían el rostro pintado y algunos bailaban mientras otros repartían la chucha.

Guanapalo, Guaviare

Esos acontecimiento pocos comunes acaparaban la atención de los animales, algunos de ellos anhelaban convertirse en seres humanos para vivir ese ambiente alegre y sociable. Los comentarios fueron escuchados por el mico, quien aprovechando sus habilidades quiso demostrar su superioridad a los ingenuos animales.

En una ocasión los hombres de la comunidad se encontraban realizando los preparativos para un dabucurí, los adultos estaban en la selva recolectado las frutas y los niños estaban bañándose, el mico aprovechando el descuido ingreso a una maloca y se robó un tambor, al día siguiente se escuchaba ¡tum! ¡tum! ¡tum! En la selva en repetidas ocasiones, los animales escucharon el retoque del tambor y se fueron como de costumbre a presencias las danzas de los humanos, pero se sorprendieron al observar que era el mico quien bailaba, daba saltos y piruetas, alternando con sus cantos ¡guu! ¡guu! ¡guu!. Uno de los espectadores grito fuertemente: -“El mico se ha vuelto loco.” Él le respondió: -“Tontos vengan a participar de las danzas.”

Los curiosos muy decepcionados abandonaron el lugar, pasaron los días y el mico se aseguró que los hombres estuviesen ocupados preparando otra fiesta, aprovechando ese abandono ingreso a una maloca y se robó una tinaja con chicha; Al día siguiente invito a unos animales para probar esa extraña bebida que tomaban los humanos, pero solo aceptaron la invitación, la guacamaya, el loro, la garza y la ardilla.

Los amigos se ubicaron en forma de círculo y bebieron la chicha pero a medida que iban embriagándose el mico toco el tambor, los participantes se despojaron de sus pieles, desfilaron y bailaron, imitando los movimientos del mico. Atraídos por la algarabía, otros animales presenciaron la escena, se reían a carcajadas, uno de los curiosos grito: -“No se acerquen mucho al mico, porque pueden contagiarse de su locura”; fue una tarde divertida y espectacular para otros donde los protagonistas fueron: la ardilla, el loro, la guacamaya y la garza. Se escucharon un sinnúmero de cantos “arr arr arr”, el loro y la guacamaya, “fi fi fi”, la ardilla, “cue cue cue”, la garza.

Los participantes en medio de aplausos se retiraron del lugar olvidándose de sus vestimentas. Al día siguiente un hombre salió de cacería y escucho que su perro ladraba insistentemente, rato después regreso donde su dueño llevándose las plumas entre sus colmillos, con las cuales los hombres elaboraron coronas para sus danzas. Los animales vivieron desnudos por mucho tiempo y nunca más volvieron a hacer caso a las invitaciones del mico.

*Indígena Guanano, Escritor y Etnoeducador Del Departamento Del Guaviare.