CANDELA

*Diana Cepeda

Lo primero que le pregunté fue ¿y viene mucha gente a diario? Ella me respondió que sí, en un tono medio amable medio burlón, claro que viene mucha gente, todos necesitan apoyo. Desde su ventana podía verse la Caracas, los buses rojos yendo y viniendo de norte a sur, de sur a norte; me vi dentro de uno, espiando las conversaciones telefónicas de quienes iban adelante, adivinando con quién hablaban, criticando su ortografía; me vi en hora pico, sintiendo encima la respiración de la gente, deteniéndome en sus facciones, poniéndoles nombre, edad y ocupación; me vi de pie, despeinada y sin maquillar, me vi sentada, con los ojos cerrados, roncando, me vi a la derecha, intentando leer en medio de tanto salto, me vi a la izquierda, viendo la calle, quieta, en un solo costado de la vida, escuchando la charla de la ciudad con los huecos, con los carros, con los postes, con las vallas publicitarias llamativas, brillantes, rosadas, como la de este local, el de La Doctora Corazón.

El lugar era pequeño y agradable, unas cortinas color lila bordeaban la entrada, había una sala blanca con cojines grises, parecían un par de conejitos durmiendo después de haberse apareado. No había nada colgado en las paredes, y en el suelo, solo había un tapete beige, aparentemente muy suave.

El día anterior había agendado la cita, ¿por qué?, aún no lo sé. Vi el lugar al pasar en el bus, y ya, supongo que quiero esperanzas; esperanzas amorosas sobre todo.

—¿Mal de amor cierto? —Preguntó mientras me tomaba la mano.

Moví la cabeza indicando un sí.

—Usted tranquila, siéntese, no tiene que decirme nada, yo sé lo que pasa, vamos a ver.

Mi problema no era un mal de amor sino de desamor. Las líneas de mi mano saben que nunca he tenido una ruptura amorosa, que vivo tratando de enamorarme, que cada vez que conozco a alguien creo que va a ser el amor de mi vida, pero que nunca lo es. Las líneas de mi mano tienen voz, pero no han sabido decirme dónde está ese dichoso amor.

—Hay malas energías, malas actitudes, la línea de la mitad…

No necesito ser una romántica del vallenato para querer estar enamorada, en las trampas del amor cae cualquiera. La universidad no te quita las ganas de amar, hace que por momentos se olviden, igual que el trabajo, embolata, pero siempre están ahí; el quién será o cuándo llegará no sale tan fácil de la cabeza. Cuántos likes debo tener, con cuántos hombres me debo acostar, por cuántos cambios debo pasar para ser la adecuada, la correcta, la que sí es ¿Cuántas veces me habré cruzado con el amor de mi vida? En la oficina, en la calle, en el bus, sentado a mi lado, ¿el hombre de barba?, ¿el de las gafas negras de pelo desordenado?, ¿será que me falla la vista y no he visto bien?

—Claro, lo que pasa es que debe haber rupturas, encerrarse en una sola forma de pensamiento puede gener…

Es triste despertar y darse cuenta que el otro no está, que se fue, y aún peor es despertar con la melancolía ardiendo, sola. La añoranza haciendo de las suyas, volviendo todo más penoso, como si no fuera suficiente con ser mujer, como si no pesaran los treinta, como si no supiera que mi edad de venta ya pasó, que las mujeres, a diferencia de los hombres, caducamos, que la fertilidad no dura tanto, que las arrugas tienen prisa, que las curvas se escurren, que la familia quiere ampliarse. Ya la dejó el bus, prima. Y sí, si nadie me vio cuando tenía veinte mucho menos me verán ahora que las canas han llegado para recordarme que el tiempo pasa, que la vejez está muy cerca y que con suerte allá voy a llegar, pero sola.

—Yo creo que el problema viene desde el vientre de la madre…

Menos mal que mi mamá no me escucha pensar. Ella, tan condicionada, que quiso una vida diferente para mí, que no me quiere de esclava del hogar, y yo buscando uno. Ella, que pese a la moral cristiana de su casa me quiere libre, lejos de su imagen de reina, y yo aquí, pagándole a una bruja para que me diga por dónde debo andar para encontrar a mi amado. Eso hay que viajar mija, si se queda acá esperando hummm, viaje, salga, disfrute. Si mañana le dijera que soy lesbiana mamá seguramente se alegraría.

—Acá dice que el amor va a tardar en llegar porque…

Y que si creo en el amor y me encantan las películas románticas, si lloro viendo a una mujer enamorada de un monstruo que vive bajo el agua o una película donde la princesa canta y a la vez salva a su príncipe, y que si quiero gastar mi dinero comprando ropa y comida, sin pensar en cómo me voy a ver para el amor de mi vida; y que si soy medio tradicional y medio punkera, si me gusta cocinar y tener mi cuarto arreglado, si me gusta el rosado, el morado, el lila y tengo pijamas de osos y gatos, y las amo y son cómodas y sensuales; y que si incluso veo porno y me masturbo con ellas puestas, si pienso en todas las utilidades que tiene la boca, la lengua, las mejillas y las manos, y que si llego a los cuarenta, mitad mona, mitad canas, gorda y completamente feliz.

—Candela ¿quisiera preguntar algo en especial?

—¿Ah?

—Que si quisiera preguntar algo en especial niña.

—De qué. Ah no, por ahora no, muchas gracias.

*Estudiante de Creación Literaria, Universidad Central.