¡NO NOS RENDIMOS, NOS ENRAIZAMOS!

Don Jumento comparte con ustedes un trabajo realizado en conjunto con el Equipo Colombiano de Investigación en Conflicto y Paz (ECICP), a propósito del Velatón, convocado para el 7 de julio en más de 80 ciudades, como expresión de protesta, indignación y rechazo al sistemático asesinato de líderes y lideresas del movimiento social y popular en Colombia.

Desde la firma del Acuerdo Paz de La Habana entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP (hoy Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) han sido asesinadas al menos 315 personas por ejercer labores relacionadas con su liderazgo social y popular.

Quienes mandan a matar a dedo parecen ser los mismos o, al menos muy cercanos, de esos que no les convence ningún acuerdo paz, porque ya saben de sobra que la guerra es el camino para seguir incrementando su poder exacerbado y sus privilegios de dominación. De manera desafortunada estos señores de corbata y fusil nos han acostumbrado a vivir en medio de la zozobra de la guerra.

El fenómeno paramilitar, aunque hoy día haya mutado y se disfrace en “Los Úsuga”, “Los Urabeños”, “El Clan del Golfo”, “Las águilas Negras” o, finalmente, bajo la misma cobija de “Las autodefensas Gaitanistas”, es un problema vigente de las realidades nacionales, y como sociedad no podemos seguir dándole la espalda a su actuar mientras los mismos grupos se enriquecen y a las comunidades rurales empobrecidas de este país se les sigue estigmatizando, persiguiendo y aniquilando por suponer otra forma de gobernanza más autónoma, más colectiva, más participativa; menos sangrienta.

Vale la pena recordar que todas las personas asesinadas por ejercer labores relacionadas con su liderazgo social y popular son parte de organizaciones que rechazan el modelo neoliberal actual. Todas ellas estuvieron en contra de los procesos de despojo de tierras; contra los agronegocios en sus territorios; y se opusieron a los proyectos de megaminería. Las personas son asesinadas porque luchan contra los tres pilares del modelo económico colombiano.

No es suficiente alborotar un humero para desviar la atención y esconder así la responsabilidad de sectores de la sociedad (legales e ilegales) que han promovido, articulado y convivido con la propuesta paramilitar de país. No es un secreto, entonces, que la incapacidad y falta de voluntad ética de las autoridades para accionar una respuesta seria y responsable con las gentes y territorios afectados, contribuye a la prolongación histórica de la violencia y la impunidad reinante. Que la indiferencia hipócrita deje de sentarse tan a sus anchas en nuestras salas.