VIAJES AL CORAZÓN DE LA SEMILLA, El DOA

Magdalena

El páramo grande que enamora las luchas y sana los días hoy sigue siendo un lugar desconocido geográfica e históricamente para la mayor parte del país. La microverticalidad andina —que salía de Cabrera pasando por la región del Alto Duda y llegaba al Pato y el Guayabero — fue el camino sin fin de las familias campesinas que en los años treinta abrieron monte arriando la frontera con las patas calludas de tanto andar. Esas mismas familias  acompañaron las luchas agrarias de La Colonia junto a Juan De La Cruz Varela y Erasmo Valencia.

La cuna Liberal vio crecer a uno de los movimientos agrarios más importantes del país. Esas montañas y altos de La Alegría y El Placer vieron de las caras llenas de sudor, los cachetes colorados y los sollozos bajitos. Larga es la historia no contada de esta Colombia hecha a machete y asadón que vio cultivar el frijol y el maíz en el mismo palo que se cultivaban los anhelos de la paz.

Estos colores encuadrados en composiciones son una muestra de los paisajes y oficios propios de la vida campesina en el páramo del Sumapaz. La arriería es sin duda alguna protagonista del lente, es una de las tantas columnas vertebrales de nuestro país, esa misma que no ha sido contada y que tiene hoy muchas trochas por cantar y muchos cuentos por andar: “ushaa mula terca, que la luna guía el galopar”.