LA GUERRA QUE NO SUPO PARAR

*Luis Fernando Gómez Alba

Fotografías: archivo personal del autor

Un año antes de nuestra llegada había sucedido algo muy importante, algo que marcó la historia de la vereda. A mí me cuentan que un día, no me acuerdo la fecha, había unos raspachines en una finca, cuando escucharon unas avionetas, se parecían como a unos pájaros chiquitos, rápidos, que empezaron a botar un gas. Ellos decían que olía a miel agria, todos se extrañaron y se asustaron. La guerrilla se volvió loca y tres muchachos empezaron a gritar “nos están fumigando, nos están matando estos hijueputas”. Eso fue de la escuela hacia el caño, donde hay un Cristo pequeño; ellos iban bajando para el puerto en ese momento y, cuando vieron que la avioneta venía de vuelta, le hicieron unos tiros y le dieron. Dicen que cayó por allá en La Carpa que queda más pa ´abajo de Puerto Gaviotas.

Luego de eso llegaron como 5 helicópteros y empezaron a dar vueltas por lado y lado, y la gente estaba cagada del susto. Marceliano cuenta que todo el mundo se salió de los cultivos y se entraron a la escuela, y a la escuela de todas maneras le echaron unos tiros. Esa fue la revelación de que la cosa por acá se iba a complicar, esos tiros de los muchachos iban a tener un precio bien caro, que ni ellos pagaron directamente. Todo el mundo ya sabía que los militares eran los de las fumigaciones, esa fue la primera advertencia que le hicieron a Puerto Gaviotas. Cuando llegué pasaron unos pocos años pa´ ver a las brigadas 4°, 7° y 10° del Ejército fumigando a lo loco, indiscriminadamente nos mataban el pan coger, fumigaban la selva, además como el pan coger estaba cerca de las casas y de los potreros de paso nos enfermaron a nosotros. También fumigaron y nos enfermaron el ganado, casi acaban con todo el ganado porque el glifosato es nocivo para todo, es una enfermedad inventada pa´ destruir al humano y los animales, incluso a la fauna también la termina, la aleja, la acaba.  A una señora que vivía en Bellavista se le murió el niño, un cachetón bien lindo. Pues imagínese, la señora embarazada comiendo plátano, arroz de sus plantaciones y eso todo lleno de químico, el niñito se le murió a los ocho meses de nacido y de paso ella se enfermó; duró hospitalizada como 2 meses. Por eso es que yo digo que nos perjudicaron, nos jodieron porque igualmente muchos llevamos del bulto.

Los presidentes de la Junta iban y ponían la queja al batallón, a la Alcaldía porque uno se metía en un proyecto para cultivar cacao, caucho y nos dañaban las maticas, y allá en las oficinas siempre nos salían con el mismo cuento: que de pronto era que los militares creían que había mucha coca por acá, como echándonos el vainazo. Una vez un tipo de la alcaldía, dijo que el glifosato no nos hacía daño, que ellos no sabían nada de lo que les estaban diciendo, y esos niches alborotados empezaron a desconfiar de todos los desconocidos y de paso a nosotros se nos prendió eso y preferíamos no confiar en ningún militar, ni policía porque empezaron a ser injustos con todos.

Me acuerdo que el ejército entraba por acá, llegaba al pueblo y duraba como tres días acampando y se iban, no volvían. Ya cuando Uribe, el presidente, decían que el ejército iba a entrar, pero nos preguntábamos ¿por dónde va a entrar? Preciso para esos días yo estaba por allá a 10 minutos de Calamar hacia acá y empecé a ver un poco de soldados, cuando eso a uno le daba más miedo mirar a un soldado que mirar a un guerrillero, claro, porque todo el mundo sabe que cuando las fuerzas especiales entraron a Calamar en el 2004 eso fue una matazón tenaz, bombas, ametrallamientos, entraron a las casas y mataron personas inocentes que por ser supuestamente colaboradores de las FARC. El enfrentamiento duró una semana y no se podía arrimar uno por allá, porque era muy peligroso. Ese año llegaron para consolidarse, es lo que nosotros llamamos el año de “consolidación”, ahí empezó la guerra contra nosotros.

sodados

Del libro “El Vuelo de las Gaviotas”. Centro de Estudios Sociales y Culturales de la Memoria (CESYCME), 2017.

* Sociólogo y Realizador Audiovisual. Ha encontrado en el lenguaje audiovisual una vía para narrar, re-construir y crear imágenes sobre la memoria, las prácticas culturales y las resistencias en distintos escenarios del país.

** Puerto Gaviotas es una de las 35 veredas del municipio de Calamar en el departamento del Guaviare. Surgió y se constituyó como asentamiento a raíz de los procesos migratorios y de colonización desde la década de 1970. Hoy persisten expresiones de resistencia, de supervivencia por parte de las 40 personas que viven en la vereda, que anhelan el retorno de las 360 personas desplazadas a sus lugares de origen para renovar proyecciones territoriales.