EL SACRIFICIO HA SIDO PERMANENTE

Fotografía: Sebastián Montañez Cifuentes

Vonnet

En las filas guerrilleras, las presencias de las mujeres serpentean entre todos los hombres. Hasta hace unos años ellas habían sido ignoradas pero hoy, poco a poco, hemos idos descubriendo que las mujeres son el 40% de las estructuras de las FARC-EP. Sorprende además que ocupen lugares importantes en la toma de decisiones militares y políticas.

Muchas de ellas desde muy jóvenes han encontrado el sentido de su vida en medio de la guerra. Han sobrevivido al rigor pero también a las alegrías de su lucha. Este fragmento de vida, como el de otras, solo pretende ser escuchado para que su voz acallada en el pasado pueda contribuir a que el presente vuele hacia un futuro para las mujeres combatientes, que hoy deciden regresar a la vida civil con la convicción de seguir trabajando por un país distinto pero sin la utilización de las armas.

“(…) La vida en la guerrilla es la vida del sacrificio. Todo lo que ha implicado el desarrollo de la guerra en Colombia ¿no? Los operativos militares, los enfrentamientos, etc”. Ella nos cuenta que la vida en la guerrilla, a pesar de la guerra y de las condiciones sociopolíticas del país, le ha ayudado a encontrar un lugar en el mundo para formarse. La guerra ha marcado más de la mitad de su vida, y de esta manera el sentido de la misma se lo ha dado la guerrillerada, y la lucha armada.

Ella no ha podido contarnos su historia con fechas muy precisas, porque los procesos son caprichosos y la manigua tiene su propio tiempo; pero ella logró amasar sus recuerdos, calibrar las ausencias, definir la geografía de la vida y la muerte. En esos estar acá y allá ella encontró en sus palabras una forma de tejer su memoria entre sus compañeros muertos y su familia: “(…) Pero en general pienso que momentos tristes han habido muchos, sobre todo cuando han muerto los compañeros en los bombardeos o algún camarada que muere en combate. Así mismo, recuerdos bonitos tengo varios, sobre todo personales cuando me he encontrado con mi hermana en la vida guerrillera, que han sido muy pocas veces y un tiempo muy corto. Siempre nos hemos visto de rapidez para hablar y al otro día se va. El abrazo, las lágrimas… Las lágrimas, sobre todo”.

Cuenta que desde niña le encanta el estudio: “Si no podía ir a la escuela lloraba”. Alcanzó a terminar su primaria, pero por sus condiciones socioeconómicas no pudo estudiar el bachillerato: “El colegio más próximo me quedaba muy lejos, había que internarme, eso implicaba salir cada ocho días y mi mamá no tenía plata para recogerme cada fin de semana…bueno no pude realmente estudiar el bachillerato”.

Nació en Medellín del Ariari, en el departamento del Meta. Recuerda que desde muy pequeña ando por Mesetas, La Uribe y por donde le dieran trabajo a su padre. De su infancia lo que más le gusta recordar es a sus hermanos y la vida familiar en general: “Nos la pasábamos peleando y dándole quejas a mi mamá. Éramos siete, de los cuales cinco fuimos mujeres y dos hombres. Yo soy la cuarta”.

A los ocho años ingresó a la militancia de la Juventud Comunista pues, según cuenta, por donde vivió la gente siempre andaba organizaba para mantener sus cositas. Desde ese entonces conoció a la guerrilla y pudo mantener una relación cercana con ellos. A los doce años decidió ingresar a las filas de las FARC-EP porque fue su mejor opción. No tuvo alternativa porque quería seguir estudiando y sabía que si se quedaba por ahí su futuro como mujer iba a ser todavía más complicado: “Esa realmente fue mi primera opción de vida, porque la de afuera… no había alternativa, era quedarse sin estudio, vivir por ahí o irse pa la guerrilla y decidí venirme pa la guerrilla. Hace ya 18 años”.

El relato de ella no es un todo homogéneo, por lo contrario, presenta vacíos, rupturas y discontinuidades propias de la dinámica entre el olvido, el recuerdo y las texturas de la vida. Cuando contamos nuestras vidas de alguna manera estamos develando un secreto o unas siluetas ocultas. Su relato es apenas un hilo de toda la madeja que las mujeres en las FARC-EP han echado a rodar desde tiempos atrás. Es tiempo de que como sociedad escuchemos sus voces para reconocer que en todas ellas se pronuncia la historia también, y tramitar paulatinamente nuestras diferencias con las palabras, y así, podamos reconciliar nuestro pasado con nuestro presente.

Su historia, como la nuestra, es un entramado de complejidades, errores y convicciones que merecen ser escuchadas e incluidas en la reconciliación y construcción de un proyecto de país: “(…) El sacrificio ha sido permanente, pero digamos que tampoco es una constante, en la guerrilla se goza pero se sufre también”.

En el contexto actual ella, como otras muchas, está dispuesta a seguir trabajando por sus convicciones colectivas. Quiere contribuir en la consolidación de la paz para este país y quiere, además, que ahora si pueda tener la oportunidad de estudiar en una institución educativa para seguir aprendiendo: “(…) Ahora se viene todo lo del proceso de paz, lo primero que yo he pensado es en el trabajo colectivo que vamos a desarrollar en el nuevo movimiento que surja después de la firma del acuerdo y el trabajo que ese partido demande. Ya en lo individual aspiro a estudiar; validar el bachillerato, porque me gustan mucho las comunicaciones, no he definido realmente cual sería la rama en particular a estudiar, pero yo pienso que va a ser por ese lado”.
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En un intento por develar quiénes son las personas que se ocultan bajo la coraza de combatientes de los grupos armados ilegales en Colombia, el Equipo Colombiano de Investigación en Conflicto y Paz (ECICP) y el colectivo Don Jumento, pública a continuación una primera serie de crónicas con el propósito de conocer y divulgar los relatos de vida de estos hombres y mujeres.

En esta oportunidad el equipo de comunicaciones del ECICP viajó a la X Conferencia de las FARC-EP, realizada en los llanos del Yarí en septiembre del 2016. Allí entrevistaron a combatientes de diferentes frentes con el objetivo de conocer las historias de carne y hueso que se encuentran detrás de quienes han estado combatiendo en la guerra.

Muy amablemente los combatientes recibieron a los visitantes en su espacio más íntimo del campamento: la caleta. Allí se despojaron de cautelas y desconfianzas para narrar, desde sus experiencias particulares y colectivas, una vida que desde la niñez ha estado determinada por desafíos, sacrificios, anhelos, violencia, temores y expectativas.

Las entrevistas estuvieron coordinadas por el Historiador-Investigador Yefrey Valbuena.