Toca representar la democracia

Hernando Escobar Vera 

Aquí algunas reflexiones a propósito de los recientes resultados de nuestro sistema ‘democrático’.

 1. Muy temprano María Jimena Duzán había advertido sobre los riesgos de dejar una decisión tan importante para el país en manos del electorado (ella usó muy acertadamente la experiencia reciente del Brexit como ejemplo). Seguro que si Pastrana o Uribe hubieran sido capaces de llegar a este punto, habrían omitido la consulta al pueblo. Evidentemente, Uribe la omitió en el acuerdo con los ‘paras’.

 Las hipótesis sobre el narcisismo de Santos parecen explicar lo poco estratégico de la decisión del actual gobierno. Mi suspicacia paranoica me hace preguntarme incluso si el plan no era justamente que ganara el ‘no’ (¿cómo más explicar, por ejemplo, que Santos pusiera a Parody, su ministra más impopular entre los del ‘no’, a liderar la campaña del sí por parte del gobierno ?).

 2. Ya que se optó por dejar la decisión en poder del electorado, ¿no habría sido más razonable dar la oportunidad de que se votara por cada uno de los cinco puntos del acuerdo? Sabemos que poquísimo más del 50 por ciento de los votantes optó por el ‘no’, pero no sabemos si negaron el acuerdo en su conjunto o cuáles de sus puntos específicos. Entonces, ¿cómo saber qué es lo que se debe renegociar: la ideología de género, el viraje al castrochavismo, que maten a todos esos hp guerrilleros, que eran los argumentos más frecuentes de los del ‘no’ en redes sociales?

 Ahora el reto es no permitir que esta zona gris, este no saber qué es lo que no quieren los colombianos, se convierta en un cheque en blanco a nombre de Uribe y el Centro Democrático.

 3. En algunos exámenes que presenté en la universidad, la primera pregunta era «¿Leyó el libro?». Si uno no había leído y era honesto, no tenía que responder más preguntas, ¿para qué?

Las pocas personas que conozco que votaron no, tan solo tres (después de todo, las afinidades intelectuales son fundamentales a la hora de formar círculos de amigos), no leyeron el acuerdo.

Sus argumentos en efecto fueron: hay que matar a esos hp guerrilleros, lo dijo el pastor y una serie de memes mentirosos y carentes de lógica.

 ¿Tenían derecho a tomar una decisión de Estado esas personas, una decisión que no los afecta a ellos principalmente y que, además, podría afectar a las próximas generaciones? No puedo sonrojarme al opinar que no. Yo sí creo en la democracia, pero no en ese remedo de democracia.

 Estos nuevos tiempos democráticos posmodernillos nos han conducido a fingir que todo es relativo y que la opinión de todos es igualmente válida y respetable. A fingir, porque la opinión del pueblo sólo se escucha cuando los cálculos de los poderosos indican que es conveniente. Pues no, así no puede ser. No es idóneo que las masas sumisas, iletradas e ignorantes, mientras se aprietan a sí mismas la soga al cuello, nos las pongan a todos los colombianos. Hay decisiones que solo el populismo nos puede hacer pensar que deben quedar en manos de todos.

 Porque, ¿qué se logró con este plebiscito, además de polarizar el país y poner a la vista las grandes brechas culturales que nos separan, en unos casos por las experiencias de guerra que han formado cultura de paz en quienes las han vivido y no las han formado en quienes no las han conocido sino a través de noticias RCN y, en otros, por el privilegio de saber leer y poner lo que se lee en contextos adecuados o no saber leer?, ¿qué se logró además de enviarles como mensaje a los integrantes de las Farc que buena parte de los 6 millones de colombianos que votaron por el ‘no’ los desprecia profundamente, o sea, anticiparles lo hostil que va a ser su regreso a la vida civil?

Lo más desolador de este mal planeado ‘ejercicio democrático’ es la desconfianza que nos queda respecto a lo que hemos venido llamando democracia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *