Siempre seguiremos caminando

Fotografía: El Oso

Lorena Aristizabal

Quisimos explicarles que la paz también era con ellxs, pero se negaron a oírlo; se empecinaron en el odio de siempre, en el temor infundado, en el escepticismo frente a nuestra potencia transformadora como país. Lograron que el NO triunfara con engaños, con mentiras, con maldad…

Quienes votaron NO le creyeron a Álvaro Uribe, al principal responsable de la consolidación paramilitar, y con ello, al principal responsable de las tragedias y victimizaciones que ha vivido el pueblo colombiano en las últimas tres décadas. Le creyeron a Paloma Valencia, la representante actual de esa familia que se opuso a la abolición de la esclavitud, que desprecia con el alma a los indígenas con quienes tiene que compartir el Cauca, la encarnación del racismo criollo.

Le creyeron a Maria Fernanda Cabal, la terrateniente ganadera que vio en todo esto una amenaza a la riqueza y posesión que le permitieron los paramilitares, y la que cree que el heroísmo de los soldados, ese pueblo empobrecido obligado a tomar las armas, radica en inmolarse para defenderla. Le creyeron a Oscar Iván Zuluaga, el criminal que contrató hackers para sabotear el proceso de negociación, el símbolo de una serie de delincuentes de cuello blanco que han tenido el cinismo de lavar sus actos nombrándose perseguidos políticos. Le creyeron a Alejandro Ordoñez, el símbolo del desprecio a la libertad, el responsable de que se articulara en Colombia el discurso fascista de la “ideología de género” que señala de amenaza y mentira la simple descripción de la sociedad en la que vivimos: una sociedad diversa que hace décadas dejo de caber en sus moldes, esos sí ideológicos (si por ideológicos entienden falsos), de la heterosexualidad obligatoria y la supuesta “familia de bien”. Le creyeron a la violencia oligarca, al racismo, a la homofobia y al histórico anticomunismo.

Quienes votaron que NO porque se comieron el cuento de que “nosotros también queremos la paz, pero no así” fueron engañados. Desde el racismo, desde homofobia, desde la indolencia, desde el más exacerbado clasismo no se renegocia ninguna paz. Con los responsables de querer perpetuar la guerra, los principales beneficiados de ella, no se construye ninguna paz.

Ellos no quieren renegociar los Acuerdos para que haya “paz sin impunidad” porque aquí los más impunes son ellos. Quieren afirmar los valores de esta “patria”, contra la posibilidad que abrían los Acuerdos, para mantenerla tan excluyente y centralista como siempre.

Y por eso ayer sentí odio, odio profundo contra los que pretendieron sepultar nuestro sí, el sí que no quiere ver más muertxs, que esperaba que se recompusiera el campo para que fuera más equitativo, que cree que la democracia es tal solo sí participamos todxs, que no soporta más la excusa de la guerra, el sí de ese borde verde de país que es el que ha vivido la violencia y anhela una esperanza de reconfiguración nacional, el sí que, que, que… ¡cuantas de razones! Un sí con un corazón enorme en el que estaban puestas las ilusiones de la mitad de este país… el que leyó, no joda, el que entendió.

Ayer sentí odio, pero muy pronto salí del vacío, de ese sentimiento que es el suyo y que nos han querido imponer, pero no ha podido, y no van a poder. Salí del odio de la mano de lxs amigxs de siempre, de los corazones luchadores que se conectan a todos esos que desde hace décadas nos heredan sin rendirse la bandera de la paz, de la primavera. Seguimos en pie de lucha, en pie de paz, seguimos con la convicción que nos deja ese mapa rodeado de verde, del sí negro, del sí indígena, del sí campesino, del sí feminista, del sí víctima, del sí orgullosamente comunista, del sí militante. No les cederemos el camino porque la mitad de este país es nuestra, porque no creemos en sus “valores” que son la causa y prolongación de esta guerra, porque afirmamos con la vida los nuestros y no desfalleceremos en el anhelo de hacer de este un país distinto.

Ayer las FARC demostró que cumple, ayer afirmaron que la paz triunfará y estamos con ellxs en esta convicción. En este momento no sé qué viene, no entiendo nada, me hundo en la incertidumbre, pero quiero creer que hay una alternativa, que no se perderá lo alcanzado y entrego todas mis fuerzas en ello. Seguimos caminando. Siempre seguiremos caminando.

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