Ni una menos

Fotografía: El Oso

Sebastián Montañez Cifuentes

El secuestrador, violador y asesino de la niña Yuliana Andrea Samboní, Rafael Uribe Norega, se recupera en una clínica del norte de Bogotá por una supuesta sobredosis de cocaína, mientras ella, la niña, no podrá volver a sonreír jamás. La indignación no es nueva pues, día a día, son muchas pero muchas las mujeres y niñas que logran sobrevivir al rigor de la violencia machista, heterosexual, racista, capitalista y colonial; otras que —cuánto dolor— son asesinadas y violadas en el ejercicio perpetuo de su resistencia.

En Colombia se estima que este año han sido asesinadas por las manos de nuestros machos cabreados alrededor de 740 mujeres. Noche tras noche, las cifras de denuncia por violencia sexual, abusos, golpes y maltratos aumentan descaradamente en silencio. Nuestra sociedad misógina ha aceptado las violencias contras las mujeres y niñas de una manera cómplice y en total impunidad, de la mano de las instituciones del saber y el poder.

Juliana, empobrecida por un sistema desequilibrado, solo volverá a sonreír en nuestros recuerdos, porque en la mañana del domingo pasado al feminicida y violador Uribe Norega no le bastaron todos sus privilegios económicos y sociales para saciar y entretener su machismo exacerbado. Se le tuvo que ocurrir, entonces, la idea predeterminada de buscar a una nadie de esta ciudad, con la certeza del privilegio de que aquí ninguna íbamos a extrañarla ni mucho menos a decir nada. Pues qué lástima señor Uribe; sépalo de una vez ¡aquí hay mares de mujeres y niñas, y algunos hombres que nos damos la pela por abrazarnos y que, emputadas y resistentes, les vamos a gritar otra vez, porque no queremos ninguna otra mujer asesinada ni violada por ustedes, los machos!

Antes de finalizar este comentario, me he enterado de otra andanza: una niña de 13 años habría sido golpeada y violada en el Cauca por otro hijo sano de este sistema aberrante: borracho y armado. ¡Malditos machos! Nuestra indignación, solidaridad, malestar y resistencia no conocen cansancio. Ojalá estos feminicidas no vuelvan a conciliar el sueño sin que se doblen de la angustia cada que vez que cierren los ojos; el descanso, señores, mientras el resto de nosotras respire no existirá para ustedes.

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