Ni un paso, al Paso

Fotografías: El Oso

 

Daniela Sierra Navarrete

 

En el marco del Estado Social de Derecho, el histórico de sentencias de la Corte constitucional permite afirmar que en Colombia el agua es un derecho. Sin embargo, en esa misma Colombia ya son veinte los líderes que han sido asesinados en el 2017 por defender sus territorios y acuatorios. De ahí, que la lucha por el agua sea un referente de filosofías y prácticas que trascienden el derecho, para postular proyectos y modelos de vida digna.

La Zona de Reserva Campesina de Cabrera es la síntesis de un proceso histórico caracterizado por la lucha por el acceso a la tierra y la defensa del territorio. Hoy su Comité de Impulso se ha encargado de gestionar un proceso que apunta a la defensa del agua y a la defensa del Páramo del Sumapaz; lucha en la que, por cierto, todo colombiano debería inmiscuirse por la importancia que esta unidad geomorfológica tiene para el ciclo hidrológico de Colombia y Latinoamérica. Somos pluviales y fluviales, y esta característica, desconocida por las transnacionales y el modelo de desarrollo de los gobiernos Gaviria, Pastrana, Uribe y Santos, es fundamental en las discusiones que se están priorizando en este contexto de proceso de paz.

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Las y los campesinos de Cabrera tienen la plena conciencia de que los acueductos no se hacen con billetes; saben que no quieren ser convertidos en obreros de una empresa que, además de perforar a la madre tierra -generando la profundización de los acuíferos, y por ende, una alteración a toda la dinámica ecosistémica asociada a las miles de redes de conexión entre las aguas subterráneas y las biotas que transitan entre el subsuelo, el suelo y el aire-, tiene fecha de caducidad, pues es importante tener en cuenta que los mecanismos hidroeléctricos como embalses y casas de máquinas que operan a filo de agua, tienen fecha de caducidad, se agotan. Se acaban.

Las y los campesinos de Cabrera tienen vocación y cultura agropecuaria. Tienen plena conciencia de que el agua, el suelo y el aire son bienes de uso común que ninguna compensación podría suplantar. Hoy están organizadas para decirle al Estado que no quieren que su territorio sea objeto de explotación mineroenergética y que su perspectiva de desarrollo difiere profundamente de la que el Estado pretende vender con su discurso sobre el progreso, que necesariamente implica el desarrollo minero energético, y la paz.

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Las y los campesinos de Cabrera, quienes históricamente han sido un referente de territorialidad campesina, de gobierno autónomo y de economía sustentable, no quieren que Enel – Emgesa encauce el río Sumapaz porque saben que este es un proyecto de muerte.
Las y los campesinos del Sumapaz hoy dan la vida por la vida misma.

Ni un paso, al Paso.

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