FELIZ DÍA MAMÁ. ATENTAMENTE: EL PATRIARCADO

*Erika Rodríguez Gómez

Filas de cuadra y media a las afueras de los restaurantes el día de la madre siguen demostrando que algo en casa no anda bien; por un día alguien tuvo permiso para no ocuparse de las labores de cuidado: la madresita santa.

El empeño que ha puesto el patriarcado para inyectarnos un relato de “la madre” abnegada y sumisa ha sido monumental. Dicho esfuerzo es universal, pero tiene particularidades según el contexto. En el nuestro, tan católico, apostólico y romano, hablar de las madres es hablar de santas, sobre todo si son madres-esposas, no solteras como el 56% de las madres colombianas.

En ese orden, y aunque no me he dedicado a estudiarlo con profundidad, o no como quisiera; me atreveré a compartir algunos de los lugares comunes cuando pensamos en las madres, a propósito del único día en el cual la gente prefiere almorzar afuera, para recordarle a sus madres que no son un electrodoméstico como el que compraron en descuento en el almacén, a título de regalo a la “mejor mamá del mundo”, sino que ellas son portátiles, y eventualmente se les puede sacar de casa.

Dicen por ahí que “madre solo hay una”, y con ello afirman implícitamente que hay una forma única de maternar, sin embargo, creo que hay distintos roles en los cuales el patriarcado ubica a las madres, aquí mi lista con 10 ejemplos:

1. La madre biológica desparejada.

Las madres son buenas por naturaleza nos dicen, o la naturaleza las fuerza a serlo. Tan pronto como comienza a crecer su vientre dejan de ser mujeres, ya no serán nunca un sujeto, serán madres, y las madres nunca andan solas, a diferencia de los padres, para quienes no se altera nada en su vida social o económica.

Con o sin paternidad los hombres son sujetos-hombres siempre, rehacen su vida sentimental fácilmente, no pierden su trabajo, no dejan de hacer contactos o disfrutar de la vida social, y nadie nunca les hace el feo a sus hijos, porque NO los llevan con ellos; es más, no se presentan diciendo: “hola, mi nombre es juan y tengo una hija”, ese pequeño detalle es siempre irrelevante para ellos. Por otro lado, mis amigas las madres, no han terminado de saludar al que les coqueteó en el bar y su maternidad se anunció solita, si es que les coquetean, pues hablando con una amiga sobre si estaba en nuestros planes embarazarnos, la primera preocupación que vino a nuestra mente fue “salir del mercado”, del erótico-afectivo y del económico, pues mientras tener un hijo o hija no representa ningún cambio para un varón, para las mujeres es un giro de 360 grados.

Las madres ya nunca más son sexys, si no tienen pareja, valen la pena por una noche, pero nunca algo serio, pues todos piensan que “mujer con hijo polvo fijo” y hasta ahí fue. Así sean independientes y llenas de plata, todo el mundo piensa que quieren un padre para “sus bendiciones”, si no, miren la cantidad de memes con el chistecito. Por el contrario, si un varón tiene un hijo, muchas mujeres aceptarán fácilmente hacer de madrastras, bancándose “las bendiciones” de la pareja, y sobre eso, nadie hace chistes.

2. La madre biológica emparejada.

El lugar ideal. Donde todas debemos estar después de los 23 y antes de los 30. Cazadas (con Z), criando y siendo pilar de una familia como Diosito y la sociedad manda.

Ser madre con pareja NO significa el compartir de la maternidad y la crianza, significa no estar en un lugar tan perdedor como el de la mamá soltera. Esta madre no tiene autoridad, ella misma repite “le voy a decir a su papá”, y solo tiene dos roles extremos en los cuales ubicarse; o es una regañona, cantaletosa, a la que sus hijos-as odian porque qué mamera mi mamá; o la protectora que salva y malcría a sus hijitos de la única muestra de autoridad, generalmente violenta que es el papá.  

A ninguno de los extremos se le perdona por supuesto. Ella, a diferencia del padre, no puede tener amantes o hijas por fuera del hogar, no puede llegar borracha o perderse un fin de semana, no puede llorar, equivocarse, o desestabilizar la armonía del hogar. Su pareja no cuidará su imagen si hace algo mal, y sus hijos serán los primeros que la juzguen si decidió terminar la relación de pareja.

Ella es la columna vertebral de la casa y la relación familiar, no tiene derecho a fracturarse o romperse, si se separó, la destrucción de ese hogar pesará siempre sobre ella, nunca sobre nadie más.   

3. La madre que adopta.

No importa si tiene pareja o no, por aquello del instinto materno, una madre adoptante no será significada nunca como una madre completa. No solo porque no gestó en su cuerpo a su criatura, sino porque no le puso el seno. Básicamente maternidad es sinónimo de amamantar, así no se quiera, duela o no se pueda.

A pesar de que sus hijos o hijas serán los únicos que siempre podrán preciarse de haber sido deseados-as, anhelados-as, y esperados-a con amor del bueno, su título de madre no se entenderá genuino, todo el mundo dudará de la relación “real” con sus hijos-as adoptivos-as, y se preguntarán si es que su cuerpo o su mente están dañados por no haber parido. Otros más benévolos le agradecerán por “darle la oportunidad” a un niño o niña, a quién verán siempre como desvalido-a. Así de cruel es nuestra sociedad, pues tiene más fe en la biología que en la humanidad.

4. La madre – abuela que nunca deja de ser madre.

Sí, es maravilloso que a los hijos-as de una los puedan acompañar en la crianza las abuelitas. En vez de desprenderse con dolor en la puerta de un jardín, temiendo virus y maltrato, que los niños y las niñas se queden en casa de un ser de entera confianza es un alivio.

Sin embargo, sin un Estado que sostenga económicamente un sistema de cuidados, para que los que deciden reproducirse se hagan cargo directamente, es injusto que las madres críen los suyos, los de sus hijos, y hasta los hijos de los de sus hijos. Es como una cadena de maternazgo que no termina, no da vacaciones o jubilación alguna.

Esta abuelita generalmente es la materna, es por línea del “matriarcado” que se les endilga la responsabilidad de la crianza extendida, pues dicen las abuelas; “los hijos de mis hijas mis nietos serán, los hijos de mis hijos en duda estarán”. Entonces las abuelas paternas se salvaron por derecha.

Luego a las abuelas se les permite el cuidado, pero no tienen autoridad, no se crean. Pueden maternar más no opinar, ese es su designio. A pesar de haber criado a los suyos y tener un jurgo de experiencia; “los tiempos cambiaron”, y su saber no se necesita más.

5. La madre ausente.

Aquellas que se van y dejan sus hijos-as con el padre, o mejor, con la abuela paterna, las cuñadas, o la red social del padre, llevarán consigo el estigma de ser una sombra en la vida de sus hijo-as a la que todo el mundo culpa. Nadie logrará verla con amor y agradecimiento, excepto, en raras ocasiones, sus hijos-as.

Todo el mundo entiende si un hombre no está presente, si en sus prioridades estuvo el estudio, el trabajo, otras mujeres, o lo que sea que le pareció más importante que criar a sus propios hijos-as, incluso, si no aporta cuota alimentaria, alguna razón de peso tendrá, y si ve a sus hijos-as cada 15 días, como el acta de conciliación ordena, se le agradece y todavía se le tiene como padre responsable.

Por el contrario, la que se fue se fue, que no se le ocurra nunca nombrarse buena madre, tendrá que sentir culpa por siempre, si trabaja y pasa más tiempo afuera que en casa; culpa. Si se fue para el extranjero, puede mandar plata, juguetes, ropa que gana con su trabajo, mal pago y discriminado, pero nunca considerarse buena madre. Solo culpa, culpa culpa.   

6. La madrastra.

La literatura y el cine se han encargado de vendernos este ser maligno y lleno de odio que roba el amor del hombre de sus pobres hijitos-as. Este ser hace brujería, destruye hogares, roba maridos y luego maltrata sus niños-as.  

A pesar de que ella ha asumido una tarea que NO le corresponde, y hace las mismas labores de la madre biológica emparejada, y de que a ella tampoco le pagan; esta madre nunca dejará de ser malvada. Ella no baña, limpia mocos, lleva al colegio, hace tareas, enseña, quiere y brinda afecto (sin que nadie se lo pida, pues NO es su obligación), sino que envenena manzanas.

Si no es esposa o concubina, sino novia, se verá más mala haciendo mala cara por el plan de domingo en parque, y si genuinamente lo disfruta, no importa, es madrastra no madre. Será siempre una rival, es mejor que lo tengamos claro, porque a menos que el parejo con hijos sea viudo, se sentirá satisfecho de que la antigua y la nueva se peleen su afecto, así la antigua lo haga a través de sus retoños.

Si hemos decidido poner nuestros afectos en un hombre con hijos e hijas, que de entrada no parece una buena decisión, pilas con hacerse o dejarse hacer las maléficas, desde ya, sepan que del 100% que su parejo dedicará a todas sus prioridades, aun cuando en estas no estén sus hijos, el porcentaje con ustedes estará de últimas y compartido. Igual, nunca serán las buenas del paseo.  

7. La madre de la pareja.

Si amigas, en esta sociedad patriarcal, una acaba maternando a sus parejas, terminándolos de educar. Hombres narcisos que buscan incasablemente mujeres que le recuerden a su madre.

Como escribiría Simone de Beauvoir en los setentas, y Florence Thomas en los noventas, y nosotras en los dos mil; los hombres conciben las relaciones de amor, con una mujer-espejo que les devuelva una imagen de sí mismos, que por supuesto les gratifique el ego.

La que hace de madre de su pareja es la proyección del ideal femenino de este, del hijito de mamá. Por eso la dicotomía entre señoras y putas, las señoras serán siempre un recuerdo de la madre del marido, quien, por supuesto es una santa, y el único lugar donde dejará de recordárselo, o no sabemos si se lo recordará mas fuerte, por aquello del Edipo, es en la sexualidad. Porque ya sabemos, las señoras también pueden ser putas, pero solo en la cama, no más.  

Entonces esta madre ha agregado a su camada a un varón de su edad, con quien comparte el lecho, pero a quien tiene que criar, bien sea por que él lo solicita apremiantemente, preguntando dónde están las cosas, cómo se tiene que vestir, qué puede comer, y comportándose como un visitante en su propia casa, o porque ella solita se dio el lugar.

Esta mamá es la “reina del hogar”, ¿Dónde más podría ser reina una mujer? ¿Dónde más podría tener poder?

8. La madre de objetos o seres no humanos.

Con esta romantización de la maternidad como el destino único de las mujeres, nosotras no solo parimos humanos y humanas, si no ideas, libros, tesis, planes, y todo, absolutamente todo lo sentimos como un hijo, incluidos los perros, los gatos, las plantas y cualquier ser sintiente al que estemos maternando.

¿Han escuchado alguna vez a un escritor hablando de sus libros como hijos?

No, ellos no necesitan poner en el simbólico que sus ideas fueron “paridas” a través de su pene para que sean consideradas grandiosas. En nuestro caso, lo que no se asocie a nuestra vagina en su función reproductiva no será válido, por eso pretenden que nuestros anhelos y deseos los desarrollemos a través de nuestros hijos biológicos, y que nuestras vidas se detengan una vez tenemos hijos, por eso se asume la maternidad como un destino natural, porque cualquier otra forma de trascendencia filosófica o espiritual, que no esté ligada a nuestra “naturaleza” femenina, no será digna de reconocimiento.

Escribir no le parece muy femenino al patriarcado, así que nosotras tenemos que feminizarlo diciendo: “mira, escribí mi tesis de maestría, se siente como un hijo”, o “mira, vestí a mi perra como una niña, se siente como una hija”.

No queridas, no puede haber más especismo hostigante que el de aquellos que humanizan a los animales. Si, con los animales hacemos familia también, pero respetémosle su espíritu animal y amémoslos como animales porque son animales, no como proyecciones de nuestra absurda humanidad.

La domesticación es un proceso violento, domesticar para los humanos ha sido una muestra de su poder, amemos los animales como iguales, no como lo que nos parece que deberían ser, y menos como hijos.  

9. La madre no madre.

Nadie reconoce la contribución del trabajo doméstico y las labores de cuidado de las mujeres a la economía mundial. Ha sido una larga lucha de las mujeres por visibilizar que lo que hacemos es importante, y que si no ven su importancia dentro de lo que significa como especie humana; cuidarnos, alimentarnos, darnos afecto mutuamente, entonces lo entiendan desde su dimensión económica, pues produce, es trabajo y vale.

Hay mujeres a quienes se les paga por cuidar, normalmente se les paga mal, y hacen lo mismo que una madre, pero sin derecho a encariñarse con los niños y niñas que cuidan, o desencariñando a los suyos.

Es una transacción comercial en la que ha triunfado el capitalismo como sistema de explotación, con mujeres que maternan y acompañan el crecimiento de hijos e hijas no paridos por ellas, con quienes se construye un afecto raro, al estilo ROMA, de cineasta mexicano privilegiado que hace una película sobre su nana, para recordar que la nana es nana. Punto, ella no puede ser nada más.

10. La desmadrada.

La odiada, la terrible, la antinatural. Esta mujer es Kim Kardashian olvidando a su hijo en un restaurante. Es la que no sabe cuál es la temperatura perfecta del agua en la tina y lo probó introduciendo a su hija para recibir un chillido y decir: “mierda, está muy caliente”.

La desmadrada no tiene nunca un plan, no encontró el folleto debajo del brazo de su bebe y no tiene idea de qué hacer, quiere dormir más, comer más, no quiere sacrificar los zapatos que vio para ella por el juguete, no quiere dejar de ir al viaje o a la fiesta, y lo mejor, aunque extrañísimo, NO siente culpa. 

Esta madre tiene toda la presión a su alrededor, la de su familia, su pareja, la televisión, el comercial de pañales, el club de madres, el grupo de whatsapp del colegio y todo lo que en la sociedad le indica qué

 debe ser para no desmadrarse y fallar.

Aquí también entran las mujeres privadas de la libertad, a quienes la sociedad no les permite nunca ser madres, y si lo son, les establece un límite de tiempo en el que podrán amantar y ya, soltar. Reciben siempre el señalamiento, empezando por sus guardianas, que ven en sus hijos, condenados como ellas, y las culpan por dejar el estigma de la “criminalidad”.

Bonus: La Madre Perfecta.

No existe, nunca existirá. las madres sí pueden fallar y fracasar como cualquier mortal.

Esta madre es quizá Meghan DE Sussex, esposa del príncipe, cualquiera que sea ese príncipe, y todas las mujeres del mass media, obligadas a dar cara a la prensa después de parir; perfectas, con siluetas esculturales y sonrientes, porque eso sí, una mamá, por más cansada, por más estresada que esté, debe sacrificarse y sonreír, nunca hablar mal de la maternidad, del asco u odio que le producen sus hijos, o de lo mal que la está pasando porque nunca nadie la comprenderá. Triste pero real. 

Hablemos entonces de maternidades desobedientes.

Vámonos de madres, echémosle la madre a la maternidad, a ese relato único que nos ha entregado el patriarcado sobre la reproducción como hecho biológico, porque en ningún lado nos habla de las mamás forzadas, de las mamás lesbianas, de las mamás trans, de las madres de los desaparecidos-as, de las que ejercen la prostitución, de las comunitarias, de las tías mamás, de las amigas de las mamás, o de las mujeres reales que somos sin el dichoso instinto maternal.

Esta es mi invitación ante tanto mensaje contradictorio que el patriarcado nos da. Ahora más que nunca, que se nos pide ser madres máquina, ojalá con contrato laboral para tener licencia de maternidad, resignificar la reproducción es urgente.

Elegir ser mamá y papá con condiciones para serlo es una necesidad, contar con una red de afectos y la solidaridad para maternar-paternar y criar seres humanos, bellos y bellas, con sentido de manada y comunidad.

Aunque estoy lejos de querer fundar un “nuevo mamismo” (como escribió Esther Vivas en Una Mirada Feminista a la Maternidad), si creo que necesitamos más claves para hacernos cargo de nuestra prole, que necesitamos más hombres pensándose la paternidad y visibilizando qué pasa por sus mentes y corazones cuando tienen hijos, o anhelan tenerlos; que transformen su vida social, política y económica en igual magnitud que las mujeres cuando quedan embarazados, y de la responsabilidad económica del Estado para edificar un sistema de cuidados sostenible, en el que maternidad y paternidad sean un hecho social, colectivo. Para que dejemos de pensar que “los hijos son de la mamá” y ya.

Esto no es entonces una cruzada contra la maternidad, ni contra el día de la madre, al contrario, en vez de hacer la larga fila del restaurante o comprar objetos insulsos, renovemos nuestro pacto social, porque la reproducción humana es un asunto de todos y todas, y mejoraremos como especie si desobedecemos lo que el patriarcado nos ha dicho sobre la maternidad-paternidad. Feliz día madres desobedientes, sigan así, reales e imperfectas.

*Feminista, Defensora de los Derechos Humanos